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CUADERNO
EN FLOR



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BLOG: CUADERNO EN FLOR



 

El retrato

Wednesday, 21 Jul 2010

Ya eran casi las 2 de la tarde y salí a la explanada.
Al levantar la vista veo un cartel, justo frente a mí, escrito en alemán
y con la imagen de uno de mis cuadros preferidos, uno que me parece hermoso
desde que lo descubrí, a los 13 años, en un fascículo de Pinacoteca de los Genios.
Entonces intenté descifrar lo que decia el cartel. Anoté el nombre de lo que parecía
ser una galería y busqué en la guía si ese lugar quedaba en Berlín.
Y si, efectivamente había un lugar llamado Gemulde Galerie que exhibía arte flamenco
y del renacimiento. Había un listado de las obras importantes que podían verse ahi,
pero no nombraba ese cuadro. Como en mi guía decía que ese día el lugar
permanecía cerrado, decidí dejarlo para el día siguiente.
Me levanté temprano, caminé por las veredas anchas y crucé varias avenidas para
llegar a la galería. Compré mi entrada, busqué el guardarropa para dejar mi mochila
y mi saco y conseguí una audioguía. Quería estar prerarada para ese momento,
el momento de tener frente a mis ojos una pintura que había observado en una
reproducción por casi 20 años.
Crucé la puerta de la sala de exhibiciones y me encontré en un gran hall con clarabollas
que dejaban pasar mucha luz solar y que solo tenía una fuente escultorica en su centro.
Me quedé sorprendida porque eso no parecía ni flamenco ni renacentista, pero advertí
que el patio se encontraba rodeado de salas con luz tenue.
Ingresé a la primera, pero el cuadro no estaba ahi. Caminé hacia la segunda y tampoco.
Pero las obras que colgaban de la pared eran excelentes, no podía seguir de largo asi
nomás, me enloquecía la ansiedad de encontrar el cuadro y a la vez poder ver el resto
de las obras.
Respiré profundo y encendí mi audioguia, que me dio la bienvenida y me pidió que
ingresara el numero del cuadro que estaba observando. Asi lo hice y se escuchó una
música incidental y una locutora que me relataba lo que estaba viendo. Siguiente sala,
otro numero, otra obra, otro relato.
Y asi seguí por un rato hasta que al entrar a una sala me llamó la atención un grupo de
tres obras chiquitas que colgaban enmarcadas por una panel gris. Y me dió una especie
de taquicardia al reconocer la pintura de la derecha, el retrato de una jovencita
de Petrus Christus.



Me acerqué con apuro, lo que llamó la atención de la guardia de la sala que
me clavó la mirada y se paró a distancia prudencial. No lo podia creer,
era tan chiquito, casi del tamaño de la preproducción de mi libro. Pero los colores
eran mas vivos, a pesar de ser una obra en tonos trerrosos, el color celeste del vestido
era muy luminoso y el brillo del barniz cuarteado le agregaba belleza.


Apreté el número de la obra en mi audioguía esperando que se escuchara alguna música
que me transportara a la época en que la obra fue pintada y una voz contándome alguna anécdota,
algún detalle, algo más, pero cual si hubiera errado al marcar un número de teléfono,
una voz me contestó que no había grabación para esa obra. Tuve que calmarme y crear
mis proipas impresiones, mis propios recuerdos.



Me quedé un rato largo mirándola, tratando de grabar en mi mente los colores,
la superficie pulida y brillante, los ojos, el color de la piel, el sombrero tan raro,
el fondo sencillo. Buscaba las pinceladas que eran casi impreceptibles.
Me acordé que siempre pensaba que este cuadro es un buen ejemplo de como a algunas obras
les viene bien el paso del tiempo. Estoy segura de que el craqueloado del barniz es un elemento
importantísimo en la percepción que yo tengo de esa pintura, y que si no lo tuviera,
simplemente sería una obra distinta.



Todavía recuerdo los colores, el tamaño, la pared de la cual colgaba,
pero se cuela en mi memoria la textura brillosa de la foto del libro.
El original y la reproducción se volvieron uno en mi cabeza.

TAG: relatos / tales,

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